Arte con lápices

p_luna_1_fullJennifer Maestre (Johannesburgo, 1959) es una escultora sudafricana, artista residente en Massachusetts, conocida internacionalmente por sus esculturas de lápices.

Se graduó en el Wellesley College y obtuvo una licenciatura en Bellas Artes (BFA) del Massachusetts College of Art.

“Los lápices son objetos comunes; aquí éstos objetos anónimos se convierten en estructura. Hay una auténtica fragilidad en el a veces brutal aspecto de las esculturas; vulnerabilidad que se contradice por una textura temible.”

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Gran parte de su inspiración para las formas y texturas de sus obras proviene de las del erizo de mar. Para realizar las esculturas de lápices, Jennifer hace uso de una variedad de lápices, aguja y costura. Toma cientos de lápices, los corta en pequeñas secciones, taladra un agujero en cada sección, los afila y los cose juntos.

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“Las espinas del erizo de mar, tan peligrosas como bellas, sirven como una advertencia explícita ante el contacto. La seductora textura de las espinas invita al contacto a pesar de las posibles consecuencias. La tensión desvelada, sentimos la pulsión de tirar y empujar, deseo y repulsión. Las secciones de lápices presentan aspectos de dureza y suavidad para dos muy diferentes experiencias texturales y estéticas. La paradoja y la sorpresa son esenciales en mi elección de los materiales. Cantidad de objetos de manufactura industrial son utilizados para crear formas flexibles que evocan formas orgánicas de animales y naturaleza.”

Recuerda perfectamente a ciertas formas marinas, ¿no creéis? Un arte muy bonito a la par que laborioso. A parte de sus esculturas, Jennifer también hace joyería con lápices.

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Transforma hojas de papel ¡en lápices!

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Antes de reciclar las hojas de papel que ya no queremos ¿porqué no las reutilizamos también y les damos una nueva vida o uso? Esto es lo que han pensado los creadores de esta máquina.

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Este genial invento, llamado P&P Office Waste Processor, transforma hojas de papel en lápices. Tienes que poner cualquier hoja, ya sea en blanco, reciclada, con imágenes, con texto, etc. La máquina ya lleva incorporada e inserta la barra de grafito en el interior. Luego va enrollando la hoja, pegándola con cola, hasta obtener el lápiz. También tiene su propio sacapuntas en un lateral.

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Y es que en una oficina, por ejemplo, está lleno de hojas y trabajos que acaban en la papelera. Pues imaginar la ¡cantidad de lápices que podríais tener! ¡Ahorraríais en comprar nuevos lápices seguro! ¿A qué esperáis en comprar el P&P Office Waste Processor?


El origen del lápiz

grafitoLa forma más primitiva del lápiz que conocemos hoy fue hallado a mediados del siglo XVII en Cumbria, Inglaterra, cuando se encontró un depósito enorme de grafito. Los habitantes de la zona comenzaron a utilizar el grafito porque permitía escribir sobre la piel de las ovejas, y así marcar los rebaños. Su color y brillo llevaron a pensar que en la base de su composición se encontraba el plomo, por lo que fue denominado plumbago. (Lápiz viene del latín lapis, que significa ‘piedra’).

La fragilidad del grafito hacía necesaria una carcasa que permitiese utilizar las barras  para la escritura. Los pastores envolvían sus rudimentarios lápices en cordeles o cuero de oveja, pero fue necesario un mayor refinamiento para hacer de ellos una herramienta ágil. Los italianos Simonio y Lyndiana Bernacotti insertaron el grafito en una pieza ahuecada de madera de enebro. La técnica se perfeccionó dividiendo en dos partes el palo de madera para horadar un surco en toda su longitud y posteriormente colocar en medio la barra de grafito.

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Pero no fue hasta el 1795 cuando el general Nicholas Jacques Conté descubrió que mezclando polvo de grafito y arcilla y pasándolo por un proceso de cocción se obtenían unas barras de grafito más resistentes. Éste experimento reveló que cambiando los porcentages de grafito y arcilla se conseguían unas propiedades distintas.

Este sistema fue patentado en 1802 por el fabricante austriaco Josef Hardtmuth. Desde entonces, la mina ha podido clasificarse según su dureza, estableciéndose una escala que hoy conocemos: desde 9B, el lápiz más blando, cuyo trazo es de un color negro intenso, hasta 9H, el más duro, que permite dibujar líneas de un color gris claro.

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